Después
de varios lagrimones y abrazos al despedirnos
de Pilar y Juan Carlos en el aeropuerto, nos hacía
falta recrear la vista y mente. Partimos rumbo
al Zoo de Portland esperando que los hipopótamos
y jirafas nos contaran historias de tierras lejanas
y extrañas. Nada de eso pasó porque
llegamos justo a la hora de la siesta de todos
los animales. Algunos animales misericordiosos
posaron para nosotros antes de retirarse a sus
aposentos.
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